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53% de corredores de ultraresistencia usa antiinflamatorios: el riesgo de entrenar con el dolor “tapado”

Un estudio publicado en Research in Sports Medicine reveló que más de la mitad de los corredores analizados utilizaba antiinflamatorios durante entrenamientos, competencias o ambos. Entre quienes los consumían, 78% reconoció hacerlo para enmascarar un problema físico existente. En Chile, un análisis de la Encuesta Nacional de Salud mostró además que uno de cada cuatro adultos se automedica y que los analgésicos son los medicamentos más utilizados entre quienes recurren a esta práctica.

Tomar un ibuprofeno o un analgésico para disminuir una molestia y poder completar un entrenamiento puede parecer una solución rápida. Sin embargo, cuando el medicamento se transforma en una herramienta para seguir exigiendo al cuerpo pese al dolor, puede terminar ocultando una señal que requiere modificar la carga o entender qué está provocando el problema.

El estudio publicado en Research in Sports Medicine, que evaluó a 167 corredores de ultraresistencia de distintos niveles de rendimiento, encontró que 53% utilizaba antiinflamatorios no esteroidales durante entrenamientos, competencias o ambos. Entre quienes los consumían, 78% señaló que lo hacía para enmascarar un problema físico existente y 56% para evitar una disminución de su rendimiento.

Aunque la investigación se concentró en corredores de ultraresistencia y sus resultados no pueden extrapolarse a todas las personas que practican deporte, pone sobre la mesa una conducta que también puede darse en el ámbito recreativo: tomar un medicamento no solo para disminuir el dolor, sino para poder seguir entrenando, llegar a un partido o mantener una rutina pese a la molestia.

En Chile, un análisis de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 estableció una prevalencia de automedicación cercana al 26% en personas de 15 años y más. Entre quienes se automedicaban, los analgésicos eran el grupo de medicamentos más utilizado, con 51,4%, seguidos por los antiinflamatorios y antirreumáticos, con 24,5%.

Para la Dra. Romina Navia, médica deportóloga y de la actividad física de Clínica CRL, el principal problema aparece cuando el alivio producido por un medicamento se interpreta como una señal de que el cuerpo ya está preparado para mantener la misma exigencia.

“Que el dolor disminuya no necesariamente significa que el problema que lo está provocando se haya resuelto. El medicamento puede disminuir la percepción del dolor y hacer que la persona se sienta capaz de continuar con su actividad habitual, pero si mantiene la misma carga o esfuerzo que desencadenó el problema, puede retrasar la recuperación o incluso agravarlo”, explica.

El dolor asociado al ejercicio puede aparecer por aumentos bruscos en la carga, falta de recuperación, cambios en la intensidad o frecuencia de la actividad, entre otras causas. Por eso, disminuir temporalmente la molestia no permite saber qué la está provocando.

“Un analgésico o antiinflamatorio puede disminuir temporalmente el dolor, pero no nos dice por qué apareció ni corrige necesariamente la causa”, sostiene Navia.

La situación también puede presentarse entre deportistas amateur que juegan fútbol, corren, practican pádel, andan en bicicleta o entrenan en el gimnasio y recurren a un medicamento para no perder un partido o una sesión. Sin embargo, poder realizar la actividad después de tomarlo no significa necesariamente estar recuperado.

Bajar la carga en vez de “tapar” el dolor

La aparición de dolor tampoco implica automáticamente abandonar la actividad física. En muchos casos, la recomendación pasa por modificar temporalmente la exigencia mientras se determina qué está provocando la molestia.

“Por eso, en medicina deportiva hablamos de ‘manejar la carga’, no simplemente de eliminar el dolor para poder seguir haciendo lo mismo”, explica la deportóloga.

Esto puede significar disminuir por un periodo la intensidad, duración o frecuencia del entrenamiento, modificar determinados ejercicios o reemplazar temporalmente una actividad por otra que genere menos síntomas.

La señal de alerta aparece cuando el analgésico o antiinflamatorio comienza a ser necesario de manera reiterada para poder entrenar. “Si una persona necesita recurrir constantemente a medicamentos para poder trabajar, dormir, entrenar o realizar sus actividades habituales, es una señal de que debemos buscar la causa del dolor”, advierte Navia.

A esto se suman los riesgos del consumo frecuente de algunos antiinflamatorios. Estos pueden producir irritación de la mucosa gástrica, úlceras y sangrado digestivo, además de afectar la función renal y favorecer la retención de líquidos o el aumento de la presión arterial en determinadas personas.

Un dolor que aumenta, reaparece al realizar la misma actividad, persiste sin mejoría o comienza a limitar el entrenamiento y las actividades cotidianas debería ser evaluado. También requieren atención síntomas como pérdida de fuerza, alteraciones de la sensibilidad, inflamación marcada, fiebre o dolor intenso después de un traumatismo.

“El objetivo no es dejar de moverse ni demonizar medicamentos que pueden formar parte de un tratamiento. Lo importante es no utilizarlos para seguir entrenando como si el dolor no existiera. Si la molestia reaparece cada vez que retomamos la misma exigencia, hay que entender qué la está provocando y ajustar la carga en vez de seguir tapándola”, concluye la Dra. Navia.